Cuando las palabras enmudecen

Por si un día me buscas
te dejo en letras
que mi amor será el mismo
del que calla mañanas con bocas de tardes,
del que desata los nudos
para que corras libre
y alces al viento la luz de tus alas.
Pero ahora te pido,
aun con ojos de invierno,
que me liberes de ti.

Necesito tenerme
 sin que tu trémula mano
arda loca, ávida de sed,
esperando agua que aniquile al fuego,
o que siempre seas tú el que camines esperanza
para que mis besos ande tu senda
y que lata, viajero, mi corazón.

Me persigue la fatiga de las palabras que enmudecen.

Y en esta tierra
en la que mi tinta no es fecunda,
he de andar descalza para renacerme sílaba.
pues las sandalias que calzo
hacen a mi alma presa, luto del dolor. 
 Muerte dieron a las raíces de mi siembra
el despertar de los temores.

Necesito irme para regresar.
Pertenecerme,
  para que cuando me hable
comience la grandeza del yo soy,
admitiendo los tejidos de mis inseguridades,
esos, que como redes,
 atrapan el querer y el poder de mi pluma.

Y si te decía que navegaba por aguas azules
era para que no sintieras que mi navío
ya era naufragio de la soledad,
de esa que no suena cayendo
pero te hace seguidora del silencio,
y te sumerge en las ausencias
 para perderte en las distancias.

Y ahí me veo
contra mis muros, malherida
pero no enterrada.
Me recuesto
sobre ese traje del ir para volver a ser.

Por si un día me buscas,
no apresures el paso, yo ya estaré de regreso.




Permíteme

Permíteme que un beso
con labios de cielo,
o un ramo de nardos
dejado en tu puerta
sea el fin y el principio de todo.

Permíteme recomenzar
entre tú eres y yo soy,
a la misma hora de siempre
sin ese antes o después.

Permíteme no acabar
cuando nunca ha acabado,
para sentirnos siempre presente,
y la luz sea hoy,
sin ser ayer ni mañana.

Permiteme entrar en tu alma,
con el toque de mujer que ama,
aun me atraviese la flecha del miedo,
y gocemos bebiendo del más hermoso elixir,
siendo temblorosa la copa que te ofrezco.

Permíteme mostrarte mi desnudez
entre las auroras que desciende por mi pecho,
enredando mi pelo de flores,
hasta llegar al rosal del secreto.

Permíteme dejarte que lleves mis alas
para que, por el tiempo que quieras,
seas tú quien encuentres mis atajos, 
y sentir la pasión en esa danza 
que me creo infinita.

Permíteme...
Para entonces, sabrías cómo amarme
con tu boca aunque me hayas besado,
con tus manos aunque me hayas tocado,
con mis alas aunque me hayas volado...

Permíteme florecerte en infinitos deseos
y barrer la soledad de tu corazón.

Permíteme...
Describirme, no como un pensamiento caído
por caminos de largas errancias,
sino como versos que antoja rimas
con la roja tinta vertida de quien da sin temor. 

Permíteme que vengan las palabras
para esconder los silencios de mi cuerpo,
y abandonarme a tus sentidos,
y crearme gemido entre tus alas,
ayer mis alas, 
 que hoy quisiera nuestras en vuelos y quietud.

Permíteme...
Permíteme que te permitas...

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